En un gesto destinado a apuntalar el futuro de la mano de obra en la actividad yerbatera, el Sindicato de Trabajadores de la Yerba Mate (SITAJA) ha dado un paso significativo con la inauguración de una nueva oficina. Este espacio, estratégicamente ubicado en las instalaciones de la Municipalidad de Aristóbulo del Valle, se perfila como un punto neurálgico para la articulación entre los trabajadores, la comuna y el Ministerio de Trabajo, buscando ofrecer un canal directo de gestión y acompañamiento.
Leopoldo Dos Santos, secretario adjunto de la comisión provincial del SITAJA, detalló que la principal misión de esta sede es brindar un soporte integral a los tareferos. El objetivo es claro: facilitar la adhesión de capataces y cuadrilleros, y guiarlos en el cumplimiento de las normativas vigentes. Dos Santos, quien mantiene su rol como delegado en Aristóbulo del Valle, enfatizó que esta nueva oficina servirá para centralizar la atención de las cuadrillas de toda la región, optimizando así los recursos y la accesibilidad para los trabajadores.
Sin embargo, el optimismo por la mejora institucional convive con una profunda inquietud ante el presente del sector. Dos Santos no dudó en calificar la situación económica como “crítica”, y fue contundente al afirmar: “Si analizamos un poco, estamos peor que en el 2001”. La imagen que dibuja el dirigente es desoladora: una parálisis casi total en las chacras. Según datos del propio sindicato, actualmente solo opera alrededor del 40% de las cuadrillas habituales. El 60% restante se encuentra inactivo, una consecuencia directa de la decisión de muchos productores de suspender o directamente no iniciar la cosecha ante la inviabilidad económica y la alarmante escasez de liquidez en el circuito comercial.
Las expectativas sobre los precios de la yerba mate son, en este contexto, desalentadoras. Dos Santos estimó que, con gran esfuerzo, los valores podrían alcanzar los $30 o $32 por kilo antes de fin de año, cifras que, advirtió, se quedan muy cortas para cubrir las necesidades del sector productivo y de los trabajadores.
En este escenario de incertidumbre, la oficina se presenta también como un espacio clave para la regularización laboral. Dos Santos recordó los requisitos para el cobro del subsidio Interzafra, destacando el aporte personal del 2% del monto total del recibo, y la obligación de que dicho recibo supere el 50% del Salario Mínimo, Vital y Móvil. "Un tarefero promedio gana hoy entre $350.000 y $400.000 por mes. Por eso, presentar un recibo de $250.000 o $300.000 es algo totalmente viable para cualquier patrón y nos evita dolores de cabeza a todos al momento del destape", explicó, haciendo hincapié en la importancia del blanqueo para evitar futuros inconvenientes.
Finalmente, el referente sindical emitió una seria advertencia respecto a la contratación de menores de edad en los yerbales. La presencia de jóvenes de 16 y 17 años, si bien a veces recurren a ella algunos patrones, es una práctica que el SITAJA busca erradicar de raíz. Más allá de la ilegalidad inherente a la explotación laboral infantil, Dos Santos señaló el perjuicio administrativo que esto acarrea para los propios jóvenes. “El sistema SITAMI exige de forma obligatoria ser mayor de edad”, recordó. Un menor registrado físicamente, pero rechazado por el sistema informático, queda desprotegido y al margen de cualquier beneficio social.

